domingo, 10 de octubre de 2010

Tarta de queso.

Tan real como la vida misma fue la tarde que nos pusimos chorreando porque la lluvia nos pilló desprevenidos, desarmados, sin paraguas. Bastante nos había llovido ya en casa con las goteras como para que ahora también nos lloviese en la calle.

Mi hermana, una de tantas, me contaba sus cosas y todo lo que había hecho durante el fin de semana.

La calle estaba desierta a pesar de que eran las siete de la tarde de un domingo.

La noche se nos venía encima poco a poco y para colmo no dejaba de llover.

Pero nosotros no echamos a correr para resguardarnos de la incesante tromba de agua que nos calaba la ropa. Al contrario, andábamos recreándonos en cada uno de nuestros pasos.

Acababan de regalarle a mi hermana una tarta de queso. ¿Qué más daba lo demás?

miércoles, 22 de septiembre de 2010

"Como agua de Mayo... en Septiembre.

Pasé tardes enteras viendo llover. Tardes enteras.
Lo que nunca había visto era llover dentro de casa.
Nunca... hasta esta semana.
¿Quién dijo que no iba a ser divertido?

Benditas "Goteras" las del lunes...

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Mentira cochina...

Siempre tuve la fea costumbre de mentir alguna que otra vez. Pero un día decidir escribir todas las trolas que había echado hasta el momento y guardarlas en un cajón: "El cuaderno de las mentiras".

¿La más gorda de ellas? ... ... ... Te quiero.

Y lo peor es que tuvo que pasar mucho tiempo para que entendiese que quizá, esa mentira, me la habían echado a mí.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Frío.

Tristemente, el invierno del 76 pasamos mucho frío.
Tanto que hasta estando en casa hacíamos nuestra vida normal con chaquetas, gorro, bufanda, guantes, varios pares de calcetines y algún que otro jersey. Algunos dormíamos con la ropa puesta y tapados con más de 3 mantas.

Sin embargo, ninguno de mis hermanos recuerda exactamente el frío que pasó, ni las orejas rojas, ni la punta de la nariz igual que si fuese un cubito de hielo. Lo primero que les viene a la cabeza cuando alguien hace referencia a aquel invierno, es "¿Dónde vas?".
Aquella fue la frase que uno de mis vecinos le soltó a mi hermano Carlos, muy sorprendido, cuando lo vio salir de su habitación con ropa de calle. Carlos, con la tranquilidad que lo caracterizaba no hizo otra cosa que contestar que iba al baño.

El "¿Dónde vas?" se convirtió en la frase estrella de aquellos fríos cuatro meses. Nos la decíamos entre carcajadas cada vez que nos cruzábamos por el pasillo o al salir de alguna habitación.
Sin duda alguna, es el recuerdo más cálido del invierno del 76.


A las dos personas que pasan más tiempo conmigo a lo largo de todo el año.

viernes, 14 de mayo de 2010

El colchón del 27

Aunque parezca el nombre de una generación literaria, el colchón del 27, fue un colchón que mis abuelos compraron el día que se casaron y comenzaron a vivir juntos. Allí durmieron mis abuelos, mi madre, mis tíos, más tarde mi madre otra vez (esta vez ya con mi padre), mis hermanos, luego vine yo, y el resto de mis hermanos. Total 27 personas. Creo que con el tiempo hemos desarrollado una habilidad que hace que tengamos la espalda tan dura que podamos dormir en cualquier sitio.

Y luego la gente se extraña si vamos de camping y no llevamos saco...

jueves, 13 de mayo de 2010

Historias de Tendedero



"-Lo siento queridas, pero creo qe debido a vuestra larga existencia ya no puedo hacer mucho más por vosotras..."

Eso fue lo que mi tía nos dijo a mis primas y a mí antes de abandonarnos a los tres en el kilómetro 53 de la autovía de Valencia... eso sí, tuvo buen corazón y lo hizo no muy lejos de una gasolinera (a unos 20 kilómetros)

miércoles, 12 de mayo de 2010

Miau!

Gato siempre miraba a los pájaros que volaban tras la ventana. Aquellos que en ocasiones se posaban en el alféizar y le hacían burlas; sabiendo que “el bigotes”, como ellos lo llamaban, no podía atravesar el grueso cristal.

Hasta que un día, llegó el verano y no hubo nada que separase a Gato de aquel cielo azul. Fue entonces cuando, buscando en su cajón de arena, sacó una capa azul y unas gafas de piloto. Cogió carrerilla y saltó por la ventana.
Gato no tuvo miedo a caer ningún verano, al fin y al cabo, tenía otras seis oportunidades para volver a intentarlo… Y el bigotes, voló.

La verdadera esencia de esta historia reside en que "el bigotes" fue un gato loco que una de mis quince hermanas compró (se encontró por la calle) para el día de la madre. El dichoso gato tenía la costumbre de arrojarse desde el balcón de mi casa (un tercer piso) a la calle.